miércoles, 22 de octubre de 2008

las ganas de verte otra vez [05]










Y al verme te pusiste nerviosa
e hiciste sonar la alarma de tu auto
sin querer, viendo que me acercaba.
Y sé lo que pensabas: "Shhhhhhhhh... Está sólo en mi imaginación..."
Repitiéndolo veinte mil veces.
Y como soy tu imaginación
-porque no no debería estar ya en esta ciudad-
trato yo mismo de desaparecer diciéndome:
"No estoy aquí. 'El viaje ha sido el más caro error...
Tengo que dejarte de amar'".
Por si lo quieres saber, yo pensaba en cómo actuaríamos
cuando nos encontráramos de nuevo.

No sé si quise o no ayudarte
cuando se rompió tu bolsa de papel
tratando de abrir la maletera.
Y un pequeño limón llegó rodando hasta mis pies.
Un pequeño limón, verde aún,
que me hizo recordar lo lejos que nos encontrábamos
de madurar este amor.
[Y parado aquí veo lo cerca que estoy de ti.]
Creo que algo se rompió al tratar de llevarlo a otro lado
y éste salió rodando de nuestras vidas,
entre pasos que lo puedan aplastar,
dejando corazones, dejando sueños
y llevándose recuerdos de miles de cosas
que no se podrán recordar jamás con alegría
o simplemente con una pequeña nostalgia las que fueron buenas.

La lluvia cae y te hechas a llorar
y el viejo Buick sigue sonando.
El mismo con el que te conocí
y que ya no luce el golpe que se ganó una noche de tinto
cuando ese poste retrocedió hacia nosotros rápidamente.
Entiendo que de verdad quieres olvidarme
nunca hiciste nada por ese auto
y veo que es lo único en lo que has reparado.
¿Debo acercarme ahora?
Sé que lo deseas, como antes, que te tome en mis brazos,
te calme un poco,
hasta donde sabes que quieres calmarte
y ordene los desastres que siempre cometes en tu vida
y en nombre del amor.

El estacionamiento se ve vacío
y el mercado lejos cuando ya estamos empapados.
Sabes que sigo aquí, parado, mirándote,
pero no voltearás,
quieres meterte en el auto,
pero son sólo tus manos las que te hacen invisible... tu rostro.
Y sólo quieres que me aleje,
que no te hubiera cruzado,
que no haya vuelto a tu tranquila y caótica ciudad cuando tú lo quieres.
Pero aquí estoy, tambaleándome por querer dar un paso
y no sé en qué dirección.
Tus cosas siguen tiradas y mojadas,
más, creo que tu compra
se echó a perder cuando soltaste las otras dos bolsas y al suelo.

Ahora; puede ser que alguien te espere;
puede ser que alguien me espere.
No lo sabemos,
solo nosotros.
Por mi parte, la última vez que esperé
fue a alguien que me dejó huyendo en un viejo café.
El miedo y la razón luchan.
Sigo caminando no sin antes aplastar
ese pequeño y verde limón.

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